Durante casi una década, investigadores del Instituto de Investigación en Biología de Insectos (IRBI) en Tours trabajaron en el papel de las antenas, y en particular las de las mariposas. Según ellos, la forma de estos sensores influye en la percepción y reproducción olfativas.

Puede parecer anecdótico, pero este avance es un gran paso adelante para el conocimiento de los seres vivos. Durante casi diez años, investigadores de la Universidad de Tours y el CNRS trabajaron dentro del IRBI  (Instituto de Investigación en Biología de Insectos) sobre las características de las antenas pectinadas, que se encuentran en mariposas, moscas o incluso escarabajos. Estos órganos sensoriales generalmente están presentes en insectos machos.

Para este estudio, la investigación se centró en particular en la polilla. Pero el funcionamiento de las diferentes escalas de la antena es muy complejo. Por tanto, los científicos se limitaron a la unidad olfativa, una subparte del órgano, formada por una rama y una gran cantidad de pelos sensoriales. Estos pelos son especialmente sensibles a la presencia de feromonas, liberadas al aire por las hembras: estas últimas juegan un papel fundamental en la reproducción de la especie.

En vuelo, las antenas de las mariposas perciben mejor las feromonas

Los resultados de esta investigación muestran que la unidad olfativa funciona de manera óptima cuando el insecto está en vuelo: el aire, cargado de feromonas, tiene más facilidad para llegar a la parte sensorial de las antenas pectinadas. Pero cuidado, la velocidad de vuelo del insecto también es importante. 

Pero si la estructura de las antenas es determinante en la percepción de las hormonas femeninas, esto abre la puerta a otra pregunta: ¿los insectos sin antenas pectinadas tienen más dificultades para reproducirse?

“Nos gustaría saber y esta es la continuación de nuestro estudio. Algunas especies tienen diferentes arquitecturas de antenas, pero si existen es porque la reproducción aún debe funcionar. Tendremos que comparar: quizás todas las antenas, incluso las más simples, funcionen”. ¿Pero las de las polillas son particularmente efectivas? Eso está por demostrar ”, continúa Jérôme Casas .

En cualquier caso, estos primeros avances han sido objeto de y, en última instancia, podría resultar útil en campos distintos a la biología: “Gracias a estos nuevos datos, también podemos esperar mejorar algún día nuestros sensores tecnológicos”, concluye el especialista.