La gestión integrada de las plagas (GIP) en ámbitos no destinados a la producción agrícola o forestal comportan unos condicionamientos y restricciones específicas en lo relativo al uso de los productos fitosanitarios.  Especialmente en el caso de los parques y jardines, la GIP y, concretamente, los métodos alternativos a la lucha química adquieren máxima prioridad y relevancia. El MAPA ha incluido en su serie de Guías GIP una dedicada a Parques y Jardines.

La gestión de plagas en parques y jardines presenta una casuística extraordinariamente variada y unos escenarios ocupados habitualmente por personas, por lo que su tratamiento es especialmente complejo.  En este contexto, la gestión integrada de plagas (GIP) es una herramienta fundamental para la mitigación de riesgos para las personas y el medio ambiente.

El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) ha publicado la «Guía de Gestión Integrada de Plagas en Parques y Jardines», que forma parte de una serie de guias de GIP del Ministerio impulsadas en el marco del Plan de Acción Nacional para el Uso Sostenible de Productos Fitosanitarios, en el que se recogen los principios generales, las medidas preventivas y las técnicas de control GIP aplicadas a Parques y Jardines.

El ámbito de aplicación de este documento son:

  • Espacios utilizados por el público en general. Incluyen las áreas verdes y de recreo, con vegetación ornamental o para sombra, dedicadas al ocio, esparcimiento o práctica de deportes.
  • Espacios utilizados por grupos vulnerables. Incluyen los jardines existentes en los recintos o en las inmediaciones de colegios y guarderías infantiles, zonas de juegos infantiles, centros de asistencia sanitaria y las residencias para ancianos.

En estos escenarios, los métodos alternativos a la lucha química adquieren máxima prioridad y relevancia con el fin de minimizar riesgos para las personas y el medio ambiente. La substitución progresiva de los productos fitosanitarios se ha visto potenciada con la GIP, siendo su objetivo no tanto la desaparición de la plaga, si no el mantenerla a un nivel inferior al de los umbrales de daño. Para ello se favorecen los mecanismos naturales de control, se utilizan todas las técnicas disponibles, como la resistencia genética, las prácticas culturales o la lucha biológica, y se sitúa la lucha química, aunque sin desestimarla, como última opción.

En la Guía se incluyen, además de las correspondientes disposiciones legales y referencias bibliográficas, fichas dedicadas a la identificación de cada plaga y fichas dedicadas a las técnicas y equipos de tratamientos fitosanitarios para facilitar su elección y adecuar las condiciones operativas al escenario del tratamiento.