Por Erin Krichilsky, Álvaro Vega-Hidalgo

Un esfuerzo de colaboración en Isla Barro Colorado describió el ritmo diario de una rara abeja mitad macho y mitad hembra

En el bosque neotropical de Isla Barro Colorado (BCI) en Panamá, nació una abeja inusual. Su forma era la de un macho en una mitad y una hembra en la otra. Su lado izquierdo era masculino, con una antena larga, una mandíbula delicada y una pata trasera delgada. Pero el lado derecho era femenino, con una antena más corta, una mandíbula robusta y dentada, útil para cavar un nido, y una maciza pata trasera con pelos para transportar el polen. También tenía un aguijón, apuntando hacia afuera desde la mitad femenina del cuerpo.

Un grupo diverso de estudiantes y científicos del Smithsonian que trabaja en abejas nocturnas y socialmente flexibles en BCI la reconoció como un ginandromorfo: una condición rara que resulta en la expresión de características masculinas y femeninas.

El primer descubrimiento de un ginandromorfo de Megalopta fue dos décadas antes: en 1999, el científico de STRI, Bill Wcislo, encontró una M. genalis que exhibía la misma condición en Barro Colorado. Y este es el primer reporte de uno dentro de una especie de abeja relacionada, la Megalopta amoenae.

Dada la singularidad del caso, el grupo decidió describir un aspecto de su comportamiento que no se había estudiado previamente en ginandromorfos: la actividad circadiana, un proceso interno que permite a los organismos controlar sus actividades diarias y que las abejas y otros polinizadores coordinen su búsqueda de alimentos con la disponibilidad de recursos florales. Las observaciones fueron dirigidas por la ex pasante de STRI, Erin Krichilsky, estudiante de la Universidad de Cornell.

Descubrieron que la actividad del ginandromorfo comenzó más temprano en el día, en comparación con abejas macho y hembra, pero que sus períodos de mayor intensidad se parecían más al comportamiento de las hembras. Estos resultados fueron publicados recientemente en el Journal of Hymenoptera Research.

Para el equipo de investigación, casos como estos deberían continuar siendo estudiados, para determinar la frecuencia y distribución de ginandromorfos a nivel mundial, pero también porque pueden exhibir comportamientos extraños o novedosos. En última instancia, sus patrones de actividad inusuales podrían conducir potencialmente a nuevos caminos evolutivos.

“Es impresionante que a pesar de que ha habido un muestreo intenso de Megalopta en STRI durante casi 30 años, solo se han encontrado dos ginandromorfos. Esto realmente exhibe la rareza de estas criaturas”, comentó Krichilsky. «Encontrar la M. amoena fue como encontrar oro o ganarme la lotería darwiniana».

Otros investigadores y estudiantes que hicieron posible este trabajo incluyen a William Wcislo, Callum Kingwell, Álvaro Vega-Hidalgo, Kate Hunter, Chelsey Ritner, Adam Smith, Janitce Harwood, Luis Felipe Estrada y Ana Gutiérrez.