A pesar de estar prohibido en España desde el 2002, miles de toneladas de amianto permanecen en edificios y estructuras susceptibles de ser tratadas por profesionales del control de plagas. Ser consciente de la posibilidad de exposición a materiales que contienen amianto y saber reconocer las situaciones que pueden entrañar riesgo debería ser parte de la formación en prevención dentro de las empresas de control de plagas. 

Placas de cubiertas, tuberías o materiales aislantes diversos en equipos e infraestructuras, son parte de las miles de toneladas de amianto visibles y ocultas que permanecen en edificios, instalaciones productivas y naves industriales de España. 

El principal problema del amianto para la salud se produce cuando el material se daña y se liberan al aire fibras, que pueden ser inhaladas. Las fibras de amianto se alojan profundamente en los tejidos pulmonares y causan graves problemas de salud años más tarde, como cáncer de pulmón, mesotelioma o asbestosis.

En muchos casos, la falta de identificación de la presencia de amianto genera inacción por parte de las personas responsables de los espacios afectados, lo que da lugar a un riesgo latente de exposición a este material cancerígeno. Según las Notas Técnicas de Prevención del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo (INSHT) los materiales con amianto tienen un ciclo de vida entre 30 y 50 años, después pierden sus propiedades pudiendo convertirse en friables, lo que quiere decir que estamos conviviendo con materiales caducos.

Durante la realización de tareas de control de plagas es posible entrar en contacto con materiales que contienen amianto e incluso, por desconocimiento, alterar su estado. Si bien el profesional del control de plagas no necesita ser un experto en amianto, si que es importante, a nivel de prevención de riesgos, que sea consciente de la posibilidad de encontrarse con este material y que este lo suficientemente informado como para poder reconocer situaciones de riesgo y actuar en consecuencia.

Formación es prevención

La formación es la mejor manera de prevenir situaciones de riesgo. Formarse, ya sea mediante capacitación interna de la empresa o mediante cursos presenciales u on-line, y actualizar periódicamente los conocimientos que se tienen sobre este tema redundará positivamente en la seguridad del profesional.

La formación contínua garantiza estar al día con las recomendaciones, estadísticas e información relevante más actualizada. Para las actividades generales de control de plagas, tener conciencia del amianto siempre es necesario y a menudo suficiente, pero en las intervenciones en entornos susceptibles de presencia de amianto, hay que saber dónde buscarlo, cómo reconocerlo y qué hacer si se cree haber encontrado este material durante el desempeño de las actividades de control de plagas.

Evaluación del riesgo

Ganar conciencia respecto al amianto puede proteger nuestra salud y también la de otras personas. 

Si se encuentra amianto en un emplazamiento, o se sabe de la presencia del material en ese lugar, ésta información debe incorporarse en la evaluación de riesgos específica del lugar. Destacar la presencia de amianto y, si es posible, detallar su ubicación, pondrá en alerta sobre el riesgo a otras personas que acudan a ese espacio.

Desde una perspectiva del control de plagas, ningún técnico desearía perforar materiales que contengan amianto mientras instala trampas o cebos, o realiza otros trabajos relacionados con su perfil profesional.  Siempre hay que tener cuidado de evitar los materiales con amianto y sobretodo de no dañarlos para evitar que se desprendan fibras. El profesional del control de plagas debe considerar cuidadosamente el área en la que debe moverse y los trabajos que debe realizar en ella, y siempre detenerse si no se está seguro de poder realizarlos sin exponerse al amianto.

En caso de creer haber encontrado amianto, la primera acción siempre es PARAR la actividad laboral y buscar información y consejo.

Siempre la salud y la seguridad son la prioridad.