Los ácaros del polvo, diminutos familiares directos de las arañas y las garrapatas, habitan en casi todos los lugares del mundo y con especial preferencia en nuestros dormitorios. No muerden, ni transmiten enfermedades, podriamos obviarlos sino fuera por los alérgenos que desprenden, capaces de provocar reacciones alérgicas severas en algunas personas.

Se alimentan de escamas de la piel y proliferan en las fibras textiles de nuestros hogares, especialmente en las almohadas, edredones, mantas, colchones, alfombras o cortinas. Son los ácaros del polvo doméstico, pequeños arácnidos no visibles a simple vista, que encuentran un hábitat propicio en los ambientes interiores de los hogares.

Amador Barambio, destacado experto con una amplia experiencia en el control de plagas, habla sobre los ácaros en un artículo publicado en la revista Pest Control News, del que destacamos algunos aspectos relacionados concretamente con tres especies de ácaros del polvo doméstico y su capacidad de provocar reacciones alérgicas en las personas.

Los ácaros del polvo engloban miles especies, de las que el autor destaca como más comunes a Dermatophagoides farinae, Dermatophagoides pteronyssinus y Euroglyphus maynei. Son muy persistentes y se desarrollan con facilidad en lugares húmedos (75-80% de humedad) y templados (temperatura >21ºC). Uno de sus hábitats es el interior de las viviendas, y, dado que dependen de la humedad y son fotofóbicos, prefieren ubicarse en lugares como colchones, almohadas o peluches, donde además de un ambiente favorable encuentran uno de sus alimentos favoritos: las escamas de piel humana y animal.

Según Barambio, Dermatophagoides farinae es muy frecuente y abundante en el interior de los hogares, aunque lo es más en América del Norte que en Europa, donde Dermatophagoides pteronyssinus es más abundante. En España D.farinae abunda en las provincias mediterráneas y en las islas Canarias.

El tamaño de los ácaros del polvo doméstico varia entre 0,28 mm de longitud (Euroglyphus maynei) a 0,40 mm (Dermatophagoides farinae), y se estima que el número promedio de ácaros por gramo de polvo es de 100 a 500. No pican ni transmiten enfermedades, por lo que se consideran en si mismos inofensivos para los humanos, sin embargo sus residuos fecales poseen un gran poder alergénico.

Incluso en climas secos, los ácaros del polvo doméstico sobreviven y se reproducen con facilidad en las camas, especialmente en las almohadas, incrementandose con el tiempo la materia fecal acumulada. El ciclo de vida media de un ácaro del polvo doméstico masculino es de 10 a 19 días. Un acoplado de ácaros del polvo doméstico femenino puede durar hasta 70 días, poniendo de 60 a 100 huevos en las últimas 5 semanas de su vida. En un período de vida de 10 semanas, un ácaro del polvo doméstico produce cerca de 2.000 partículas de heces.

Los alergenos de D. pteronyssinus son los más estudiados y hasta la fecha se han caracterizado varios, de ellos, los alergenos I y II son los más relevantes desde el punto de vista clínico y también han sido detectados en otras especies. Los alergenos del grupo I (Der p I, Der f I, Der m I, Eur m I) son enzimas proteolíticas secretadas por el tracto digestivo del ácaro y que se encuentran en concentraciones importantes en las partículas fecales de los ácaros. Los alergenos del grupo II (Der p II y Der f II) son proteínas que se encuentran principalmente en el cuerpo del ácaro. Estos alergenos se asocian con partículas relativamente grandes (tamaño medio 2 µm), que sedimentan rápidamente.

Al volatilizarse las partículas alérgenas y entrar en contacto con la mucosa nasal o bronquial de las personas que las inhalan, puede producirse una inflamación que deriva en rinitis alérgica y/o en asma bronquial. A diferencia de los pólenes, su estacionalidad es menos notoria y se los encuentra presentes todo el año, sobre todo en zonas húmedas como la costa, donde su concentración suele ser mucho mayor que en lugares del interior donde el clima es más seco.

Las heces fecales de los ácaros del polvo son tan livianas que fácilmente entran en suspensión en el aire, por ejemplo mediante el aire caliente de los sistemas de calefacción o las aspiradoras, facilitando su inhalación. 

Se estima que los ácaros del polvo pueden ser un factor de 50 a 80% de los casos de asma, así como en innumerables casos de eczema, fiebre del heno y otras enfermedades alérgicas.