Por Amado Herrero,

Periodico El Mundo

La técnica combina la esterilización de las hembras con la introducción de una infección bacteriana en los machos. Un experimento de campo en dos islas de la provincia de Guangzhou ha demostrado la eficacia de este enfoque, que redujo la presencia de este insecto en un 94%.

El mosquito es el animal más letal del planeta. Las enfermedades que transmite matan cada año a cerca de un millón de personas, una cifra que lo convierte en la única criatura responsable de más fallecimientos que el propio ser humano. Dado que no existen tratamientos o vacunas viables para la mayoría de los virus de los que es portador –como la malaria, fiebre amarilla, el dengue o el zika– el control de las poblaciones es la principal arma que tienen los expertos para luchar contra esta plaga y los males que contagia.

Por eso a lo largo de los últimos veinte años los expertos han desarrollado varias estrategias en este sentido: introducir ejemplares con infecciones bacterianas, erradicarlos mediante edición genética o aplicar radiación para esterilizar las poblaciones. Ahora científicos de la Universidad Sun Yat-sen de Guangzhou (China) presentan un nuevo enfoque, más «ecológico y rentable» según sus creadores, que aparece descrito en el último número de la revista Nature.

La nueva técnica es, en realidad, la combinación de dos estrategias: la esterilización de las hembras y la introducción de una bacteria en los machos. «Se trata de una herramienta de control muy precisa, sin ningún impacto en otras especies», explica Zhiyong Xi, profesor de departamento de Microbiología y Genética Molecular en Sun Yat-sen y coautor del trabajo. «La mayoría de las especies de mosquitos en la naturaleza no transmiten enfermedades, por lo que nuestra técnica no las afecta. Además, no eliminamos mosquitos que se encuentran en zonas sin presencia humana; nuestro objetivo es construir áreas protegidas para la sociedad».

ESPECIE INVASORA

Los mosquitos están presentes en todos los continentes -salvo en la Antártida- y en todo tipo de ecosistemas. De las 3.500 especies conocidas, sólo unas 200 pican al ser humano; las hembras lo hacen para extraer sangre que les ayuda a desarrollar sus huevos. Aunque de esas 200 sólo la mitad son portadoras de parásitos que causan enfermedades al hombre, el impacto de este pequeño grupo es devastador. Y entre ellas destaca el mosquito tigre (Aedes albopictus).

Responsable de la transmisión de virus como el dengue o el Zika, su capacidad de adaptación lo ha convertido en un enemigo difícil de doblegar. Confinado durante mucho tiempo al interior del tronco de los árboles del sudeste asiático, en sólo 100 años consiguió conquistar ecosistemas de medio mundo, diseminado gracias al comercio global. Sus larvas se desarrollan en una amplia variedad de ambientes y son difíciles de eliminar con insecticidas; sus huevos, resistentes a la sequía y al frío, pueden sobrevivir en estado latente durante largos períodos.

Para eliminar las poblaciones de albopictus de las áreas urbanas en dos islas fluviales de la provincia de Guangzhou, los autores infectaron a los machos con una bacteria (Wolbachia), que causa una incompatibilidad reproductiva con las hembras, a condición de que no estén infectadas ellas mismas. Precisamente el riesgo de este sistema es que si hembras portadoras de la Wolbachia son liberadas accidentalmente, pueden acabar reemplazando a la población local. Por eso investigadores han utilizado una combinación de tres cepas de Wolbachia (que no existe en poblaciones silvestres) y después han sometido a los mosquitos a radiación para esterilizar a cualquier hembra que pudiera haberse contaminado.

UN 96% MENOS DE PICADURAS

Una de las principales dificultades, explican los autores, ha sido la de encontrar niveles de radiación que consigan la esterilización de las hembras, pero que no perjudiquen la competitividad reproductiva de los machos. «El impacto ambiental de esta técnica ha sido estudiado en varios países y todos han llegado a una conclusión similar: el riesgo asociado con la liberación del mosquito infectado por Wolbahcia es insignificante en comparación con la presencia del mosquito», explica Xi. «Además, todos los machos liberados mueren entre 7 y 10 días después de su liberación; la Wolbachia no puede vivir ni fuera de su huésped insecto ni en el medio ambiente».

La liberación de millones de mosquitos, con esa triple infección y sometidos a radiación, logró la eliminación casi total de las poblaciones locales por un período de dos años. La presencia de mosquitos silvestres se redujo entre un 83% y un 94%. Durante las seis semanas posteriores a la liberación no se detectó ninguno, y los posteriores estudios genéticos indican que los pocos mosquitos restantes eran probablemente migrantes, procedentes de otras áreas. La tasa estimada depicaduras a humanos disminuyó en un 96,6%.

A pesar de estos resultados se desconoce el potencial a largo de plazo de la técnica. Está por ver, por ejemplo, si se puede evitar que la migración de otras poblaciones restablezca la presencia natural, una vez acabe la puesta en libertad de ejemplares infectados. Los autores sugieren que la recolonización podría evitarse mediante la liberación selectiva de un pequeño grupo de machos, pero se desconoce la intensidad y el coste necesarios. «Este trabajo demuestra la eficacia de este enfoque a pequeña escala», aclara Peter Armbruster, especialista de la Universidad de Georgetown y autor de un comentario en el mismo número de Nature. «Queda por ver si puede ampliarse a un área metropolitana más grande, por ejemplo. En cualquier caso, es muy improbable que pueda utilizarse a una escala lo suficientemente grande como para causar la extinción de una especie entera».