Son cincuenta veces más rentables que los pollos. China suma ya más de 100 granjas de estos insectos, utilizados en productos de medicina tradicional, cosmética y como alimento

Sin duda, China es la meca de las noticias surrealistas. Informativos televisivos y ediciones digitales de diarios de todo el mundo se deleitan con los vídeos de niños que aparecen en el interior de tuberías, calles que se hunden y tragan hasta un autobús entero, o clientes que muestran su descontento destrozando los productos que han comprado, aunque se trate de un Lamborghini. Pero todo tiene un límite. Y que dos millones de cucarachas escapen de una granja ilegal y pongan en jaque a una ciudad entera lo superó con creces a finales del pasado verano. No obstante, este caso trasciende la anécdota y pone de relieve un curioso hecho: las granjas de estos insectos se multiplican por toda China desde 2011. Suman ya más de un centenar, y resultan extremadamente rentables.

Que se lo pregunten a Yu Menfei. Esta mujer de 40 años, residente en Liyang, un pueblo de la provincia oriental de Jiangsu, hace ya más de un año que desterró a los pollos de su pequeña granja familiar, un destartalado edificio de hormigón desnudo, para que otros inquilinos se apoderasen de ella. «Las cucarachas crecen de forma muy rápida y apenas cuestan dinero, porque les damos para comer sobras que recogemos casi gratis de los restaurantes del pueblo», explica. «El único esfuerzo económico que tuvimos que hacer al principio fue comprar los huevos y adecuar el interior del edificio».

A las cucarachas les gustan los recovecos, la oscuridad y el calor. Por eso, la familia ha invertido unos 3.000 euros en dividir el amplio espacio en el que antes vivían los pollos con tableros que dibujan un laberinto de estrechos pasadizos. Además, Yu ha colocado también planchas metálicas que se asemejan a los paneles de abeja y viejos cartones en los que antes transportaba los huevos de las gallinas. En definitiva, el lugar es un gigantesco queso gruyer en cuyos agujeros los insectos entran y salen a placer.

«Se multiplican a gran velocidad, y no hay que preocuparse de que cojan enfermedades», apunta la empresaria. Antes de que cumplan los cuatro meses y puedan volar, Yu las aspira con un aparato convencional y las mata utilizando agua hirviendo. Por cada kilo de cucarachas cobra alrededor de 40 euros, casi cincuenta veces lo que le rentaban los pollos. «A pesar de que los huevos son caros, nuestros ingresos han mejorado mucho desde que comenzamos a criar cucarachas. El problema es que a los vecinos no les hace mucha gracia a lo que nos dedicamos y que, como cada vez hay más competencia, el precio puede que comience a bajar», se lamenta.

La razón de este curioso auge hay que buscarlo en la medicina tradicional china. Hace tres años que un grupo de médicos concluyó que estos insectos, pero solo la subespecie americana -periplaneta americana-, cuenta con propiedades médicas que rozan lo milagroso. Según aseguró al diario The Telegraph Liu Yusheng, profesor de la Universidad Agrícola de Shandong y presidente de la Asociación de Insectos de la misma provincia norteña, «pueden curar enfermedades importantes mucho más rápido que cualquier otro medicamento».

«No tienen mal gusto»

El abanico de dolencias para las que aseguran que son efectivos estos insectos es impresionante: desde quemaduras superficiales hasta los peores casos de cáncer, pasando por la tuberculosis o la gastroenteritis. Por esa razón, en los dos últimos años la industria médica china ha multiplicado por diez la compra de cucarachas, que se secan y se reducen a polvo para su uso en diferentes tratamientos. También se utilizan en productos cosméticos como mascarillas faciales. Y luego, claro, está la forma más rudimentaria de consumirlas: comérselas fritas.

«No tienen mal gusto, y dan proteínas», argumenta la propietaria de un chiringuito especializado en insectos del mismo pueblo que Yu. El menú lo completan saltamontes y grillos, y nunca le faltan clientes. «A los chinos no nos gusta tomar aspirinas, o cualquier remedio de la ‘medicina occidental’. Preferimos lo local, que es menos agresivo con el cuerpo, más natural, y da mejores resultados a largo plazo». El problema está, como apunta Gao Yusheng, médico especialista en acupuntura de un centro de medicina tradicional china de Shanghái, «en que el desconocimiento hace que tratamientos específicos para una dolencia se utilicen para otra».

Vamos, que la ingesta de cucarachas «puede ser positiva para tratar pequeños problemas gastrointestinales, pero no hará desaparecer al virus del sida como empiezan a creer algunos». Por eso, profesionales como Gao exigen que los métodos tradicionales sean supervisados por la autoridad competente con el mismo rigor que se impone a las medicinas corrientes. «Ahora hay demasiada gente haciendo negocio con animales y plantas exóticas sin ninguna ética y aprovechándose de la incultura de la gente, sobre todo de la más mayor», denuncia. Eso sí, Gao sostiene que, «tratadas de forma científica», las cucarachas pueden ser muy eficaces. No en vano, cinco farmacéuticas en China y Corea del Sur ya las están analizando con detenimiento. Incluso para combatir el sida.