Por Esinal Ediciones

La carcoma es la plaga más común en construcciones de madera o con elementos hechos de ella: vigas, puertas, suelos, etc. Su efecto puede ser también muy dañino en obras de arte, no solo tallas y retablos sino también pinturas sobre lienzo al atacar sus marcos y bastidores.

Su presencia se reconoce fácilmente por los orificios visibles en la superficie y por el serrín que sale de ellos. Pero el ejemplar causante del daño ya ha salido al exterior y habrá muerto, dejando huevos que reanudan el ciclo.

Durante la mayor parte de su vida la larva excava galerías por dentro de la madera y en su última etapa se transforma en coleóptero; es entonces cuando para salir practica un orificio hasta la superficie. Ello suele ser en los meses cálidos del año, entre abril y septiembre. Tiene cierta capacidad de vuelo, por lo que puede depositar sus huevos en otros lugares, ampliando la plaga. Los huevos eclosionan y las diminutas larvas acceden al interior de la madera por fisuras o juntas.

En ocasiones, la plaga parece estar latente porque no se ven agujeros nuevos, pero en realidad las larvas siguen royendo el interior, por lo que cualquier tratamiento de erradicación no puede darse por definitivo en el primer año. Si el mueble a tratar es muy grande y conoces a alguien que tenga un frigorífico industrial Meterlo durante 24 Horas y se matan todas las carcomas. Para la eliminación de la carcoma común existen diversos tratamientos y remedios, tanto profesionales (mediante químicos y gases) como caseros. Algunos son pintorescos, pero parecen efectivos y de hecho se citan en múltiples páginas web.

 

                                    

 

  • Congelación y gas: La carcoma no resiste el frío extremo, por lo que la congelación es un remedio efectivo siempre que se haga bajo un riguroso control para no dañar los objetos tratados. Los muebles y demás elementos manejables se depositan en cámaras frigoríficas especiales durante varios días. El uso de arcones congeladores de uso doméstico entraña peligro de rotura de las piezas tratadas incluso tomando la precaución de envolverlos en bolsas de plástico. Otra opción es el gas; algunos restauradores profesionales cuentan con cámaras especiales, herméticas, donde agrupan muebles, tapices y demás objetos frágiles y los someten a un gas o a privación de oxígeno, que erradica cualquier insecto.

  • Sustancias a brocha o inyección: existen en el mercado múltiples preparados líquidos, para ser aplicados a brocha o pistola en las zonas afectadas. No implican la muerte inmediata de la plaga, pero empapan la madera de un tóxico que matará las larvas cuando la mastiquen. La época más propicia para el tratamiento es el final del invierno, antes de que las larvas se transformen en cucaracha y salgan. En cobertizos, cuadras y demás construcciones del ámbito rural es habitual emplear gasoil, aceite usado y otras sustancias petrolíferas asequibles para rociar vigas y tablones, pero no tiene capacidad alguna de prevención, ya que estas sustancias son sumamente volátiles y tienen una vida corta. Hasta hace pocos años todas los excipientes anticarcoma se obtenían del petróleo, no así el ingrediente activo, por lo que podían desprender un olor fuerte; actualmente hay preparados acuosos que son inodoros e incoloros. De todas formas, las piezas más valiosas (muebles con incrustaciones, esculturas) han de tratarse con cautela, y es más recomendable ponerse en manos de un profesional autorizado por el departamento de sanidad. Por suerte, las maderas exóticas y nobles raramente son infestadas por la carcoma, que prefiere variedades más blandas y humildes como el pino. En muchos muebles antiguos, la carcoma ataca la estructura (de madera modesta) y apenas toca los frentes o zonas más decoradas, elaboradas en maderas mejores. Para redoblar el tratamiento y si la extensión es razonable, el líquido ha de introducirse también en todos los orificios con una jeringuilla, a poder ser con su aguja para acceder mejor al interior.