Un experimento comprueba que estos insectos pueden aprender a utilizar una herramienta después de ver cómo lo hacen otras abejas

Por Joana Oliveira

El aprendizaje social, es decir, la capacidad de aprender observando otros, ha sido documentada en el reino animal en especies tan variadas como las hormigas hasta los monos. Las abejas acaban de sumarse a la esa lista. Un experimento realizado en la Queen Mary University londinense y publicado en la revista Science ha comprobado que pueden aprender a utilizar una herramienta después de ver cómo lo hacen otras abejas.

El biólogo Olli J. Loukola y sus colegas colocaron abejorros en una plataforma y los entrenaron para mover una bola amarilla desde el borde de la superficie hasta el centro, con el fin de acceder a una solución de azúcar como recompensa. Una vez entrenadas, todas las abejas movieron con éxito sus bolas al centro de la plataforma. A continuación, tres grupos fueron expuestos a diferentes escenarios: en una demostración social, las abejas entrenadas movían la pelota delante de aquellas sin entrenamiento; en una demostración fantasma, se usó un imán con una abeja de plástico para mover la pelota.

Los científicos constataron que aquellas que observaron la demostración de la técnica de un ejemplar vivo aprendieron la tarea de manera más eficiente que aquellas que vieron una demostración del fantasma (bola movida vía el imán) o sin la demostración. En lugar de copiar a las demás abejas, moviendo pelotas a largas distancias, las observadoras mejoraron el comportamiento y trazaron una mejor ruta, utilizando la pelota situada más cerca del objetivo, aunque fuera de un color diferente del utilizado anteriormente.

Loukola explica que investigaciones anteriores ya habían demostrado que insectos sociales como las abejas y las hormigas pueden resolver una serie de tareas complejas, pero se trataba de actividades similares a las rutinas de esos animales en su hábitat natural. “En nuestro estudio, sin embargo, exploramos los límites cognitivos de los abejorros, probando si podían usar un objeto no natural en una tarea que probablemente nunca antes había encontrado ningún individuo en la historia evolutiva de la especie”, afirma.

El trabajo anterior del equipo del biólogo mostró que los abejorros son capaces de aprender a tirar de cuerdas para obtener una recompensa, mediante la observación de otros ejemplares. “Esos comportamientos sin precedentes dirigidos a la meta muestran una impresionante cantidad de flexibilidad cognitiva, especialmente para un insecto. Supongo que hay muchos insectos inteligentes por ahí, pero no los hemos descubierto todavía”, señala Loukola.

Los investigadores explican que esa capacidad cognitiva insinúa que nuevos comportamientos podrían emerger de manera relativamente rápida en las especies cuyo estilo de vida exige capacidades de aprendizaje avanzadas frente a las presiones ecológicas. Es el caso de las abejas y abejorros, que están desapareciendo debido al calentamiento global y la destrucción de su hábitat. “Esas habilidades probablemente pueden ayudar a sobrevivir en entornos en constante cambio”, dice Loukola. El biólogo matiza, sin embargo, que esa probabilidad se ve perjudicada en el panorama actual, en el que el clima cambia demasiado rápido, incluso para los abejorros más hábiles.